martes, 16 de octubre de 2012

Mente, Miente

II

Saludé a Beatriz con muy poca fuerza, me preguntó si me pasaba algo, mi cara estaba muy pálida me decía  le dije que no me ocurría nada y que estábamos atrasados que se apresurará o si no el doctor se enojaría, mi cabeza iba a explotar ese sueño me había dejado con un leve miedo a seguir durmiendo, después de salir del doctor y aumentarme las pastillas por lo pálido que estaba y por no pronunciar ninguna palabra ese día, era un claro síntoma de que algo no estaba bien y claro como a él le pagan por cada consulta aunque no haga nada, me recetó mas pastillas. Mi familia entera cree que es un buen doctor pero no lo es, lo sé porque si fuera así, ya estaría bien y no decayendo más y más. Llegue a casa, Beatriz me preparo un café, hacía mucho frío esa noche, se quedo hasta las diez de la noche, limpiando y conversandome de su vida, a mi no me interesaba, seguía mal por ese sueño, había tanto miedo a dormir que aquella noche no pestañee un ojo pensando en las atrocidades que vería si dormía, aunque sea cinco minutos. Así me la pase por dos semanas, Beatriz me venía a ver, pero no notaba mi pésimo genio al no dormir, ya que pocas veces le decía algo, solo pensaba en aquel sueño y que cada vez que pensaba en el sentía que cada acto en el era una señal para mi vida. Tanto así que después de la tercera semana sin dormir, empecé a tomar el sueño como una señal y que no había sido una pesadilla sino más bien un acertijo a descubrir algo o a alguien. Esa semana empece a dormir de nuevo, quería encontrar otra señal. Ese nombre Lola, sabía que podía existir alguien con ese nombre, le pregunté a Beatriz si conocía a alguien llamado Lola, me respondió que no, y se largo a reir, creo que encontró gracioso el nombre Lola. Un día no llego Beatriz a verme me aviso de que había tenido un problema en el trabajo. Aproveche ese tiempo para buscar pistas en el exterior, no había salido solo desde que me ocurrió esto, tenía miedo a salir solo, pero esto derribaba mis miedos, sentía que aquel sueño me llamaba a descifrar sus acertijos. Antes de salir tomé una guía telefónica para ver todos los nombres de locales, calles o personas llamadas Lola o similar. Encontré cinco respuestas, pero cuando llegue a la quinta respuesta mi cabeza se empezó a apretar de una manera desagradable, me tiré al suelo, grité ayuda, me empezó a doler el estómago y gritaba de una manera bestial, un vecino del departamento entro asustado preguntado que me pasaba porque gritaba tanto, le señalé la guía telefónica y que la tirará por la ventana, entre gritos, el no entendía nada, sabia de mi situación pero no la comprendía, de hecho solo Beatriz lo entendía, pero yo no la entendía a ella. A penas pude mantenerme en pies pesque la guía telefónica y la lance por la ventana y caí desvanecido al suelo. Beatriz había llegado a verme como me sentía, la extrañaba, sentía que la necesitaba y la llegada de ella fue como un relajo para ese mal rato, desconocido porque, ¿qué había pasado?, abracé a Beatriz y le dije:

- Como me gustaría que te llamaras Lola, así no buscaría en vano.

Me miró con una cara extraña y sonrió.


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