jueves, 22 de mayo de 2014

Aviso de utilidad pública: La decepción y el posible renacimiento de la creación.

Creo necesario explicar a los lectores el por qué me desaparecí tan repentinamente de este blog, no publicando nada de un tiempo a otro (se que nadie lo seguía constantemente pero es entretenido fingir que tenemos "fans" que nos suben el ego de cierta forma, aunque sean imaginarios)

Desde que entré a la carrera de Pedagogía en Castellano y Filosofía en la Universidad de La Serena, confiaba en que mis creaciones, tanto poéticas como relatos relacionados con la literatura, podían tener alguna oportunidad en algún ámbito. Pensaba en una utopía hermosa de que mis poemas o relatos tendrían alguna aceptación. Algunos de cierta forma lo tuvieron, recibí halagos de algunas personas pero aun así no me era suficiente. Sentía que al leer a tanta gente que, como yo, hacía poesía todos eran bastante similares a lo ya siempre había visto históricamente. Incluyendo lo mio. Aun así, persistí en seguir creando, ya que la escritura se me daba bastante fácil y casi de manera automática cuando tenía una vaga idea sobre que exponer y con esto aplicaba la gran metáfora que siempre aplicamos a la misma poesía. Con el tiempo aprendí que el chileno es demasiado metafórico y es un tanto apasionado por las cosas que pasan en el mundo así, de acuerdo a probabilidades, la mayoría de las personas de este país les llamaría la atención la poesía, el entregar un mensaje y que las otras personas no lo entiendan o, de cierta forma, lo comprendan limitado por su condición social o lenguaje, nos llama la atención en gran cantidad. Nos sentimos incomprendidos en el cosmos que habitamos y subimos nuestro ego con respecto a los demás, creyendo que podemos llegar a ser un Rimbaud, un Baudelaire, un Neruda, un Bukowski, entre tantos poetas malditos. Creemos que llegando a ser tan desastroso, como lo fueron los poetas antes mencionados, lograríamos una felicidad incomprendida que solo se basaría en vivir un vida dionisíaca, cayendo constantemente en errores sin darse cuenta de los mismos, porque el mundo no los entiende y, de cierta forma, somos unos adelantados a nuestra época. A mi parecer todo eso es una pura falacia de la más alta cima de las mentiras. Nos vemos refugiados en un silogismo repugnante donde solo nos importa escribir y morir en las letras, y cada vez que salga en alguna conversación si alguien escribe o no, salir a relucir con tu mejor "pinta" de pseudo-poeta maldito (la típica boina, el típico bestón del abuelo, los típicos lentes inservibles, el típico libro que haz leído miles de veces y no lo sueltas, el típico anillo "intelectualoide"o el típico desinterés del mundo) con esto solo nos terminamos alimentando a nosotros mismos y a los ingenuos que nos creen. De cierta forma, apoyan nuestra poesía, o por pena o por "buena onda" coloquialmente hablando. Creo que la mejor opción para darle paso a esa poesía y así tenga una buena interpretación, una buena conclusión y con esto formar una obra de arte se basa en la critica destructiva, no lo malinterprete querido lector, con esto no quiero decir que critique hasta que se destruya la poesía completa, pero ¿Para qué seguir mintiendo si no entendemos a que se refiere este poeta post-contemporaneo que solo quiere vivir escribiendo y martirizándose por quizá estupideces?

El contexto en que nos situamos no es el de la guerra fría o la segunda guerra mundial, o llevándolo aun más al ámbito nacional, al gran acierto y penosamente doloroso Gobierno Militar en Chile. La sociedad actual vive en alegría si nos comparamos con el pasado, tenemos donde elegir y como vivir adecuadamente. No nos sirve para nada ser inconsecuente con nosotros mismos, ya que el mundo se da cuenta de nuestra estúpida inconsecuencia y nos vemos situados en un lloriqueo donde la vida nos sonríe, pero anhelamos ese sufrimiento, por lo mismo cada vez siguen saliendo pseudos-poetas sufridos y autocastigados, mazoquistas por necedades, muriendo en licor, creyendo que la vida no los entiende, etc. de cierta forma necesitamos el caos, queremos vivir en constante depresión, y claro, es aceptable es parte de la vida el sufrimiento ya que existe la alegría o el clímax. Aun así, el caos que anhelamos lo malinterpretamos, mezclamos ese caos con un ego tremendo e inconsecuencia de nuestros actos, formando un ser perdido y criticando a los hombres de ciencia que le quitan el sentido a la vida. ¿Que sentido le otorgan ellos a la vida si solo sufren en sí y quieren hacer sufrir a otros por ellos mismos?

Si llegó a este punto del escrito pensará que soy un pesimista en toda su plenitud y es, como todas, una interpretación válida. Así mismo, el lenguaje me esta limitando y usted podría estar leyendo esto de forma agresiva cosa que quizá no sea así o quizá si, todo queda en una interpretación. A esto es lo que quiero llegar con esta pequeña reflexión. El lenguaje es solo un 30%, a mi parecer, de lo que podemos expresar. Podemos resolver el mundo en teorías y quedar muy conformes con ello, pero si no lo aplicamos nos quedamos en teoría y en la idea abstracta de súper héroe del mundo. El lenguaje y las acciones son inversamente proporcionales en varios sentidos, estos no se pueden entender entre sí, ya que el lenguaje no tiene consecuencias mismas en el propio lenguaje, podemos corregirnos y quedar todo muy limpio y espectacular. Pero al aplicar ese lenguaje en las acciones estas si tienen consecuencias, que a veces tememos o que no nos atrevemos a concretar. Nos estancamos y desistimos quedándonos con lo que menos nos otorgue consecuencias en el futuro. Por lo mismo, he frenado un poco la creación literaria y me he dedicado a aplicar las teorías en su manera más práctica viendo todas las consecuencias posibles, amoldarlas a la situación en que la me envuelvo y tomar la decisión más racional posible. Es sumamente dificil, hay que lidiar con todos, con todas las probables consecuencias que podemos tener y si, de cierta forma, favorece al individuo y al colectivo de personas con quien tomas la decisión.

Ahora, he vuelto a escribir, siento que es una necesidad en mi. Procuraré no ser un pseudo-poeta maldito y seguir con la aplicación en el mundo de mis decisiones que vaya tomando de aquí a muchos años más. Otro factor importante pero creo retomarlo en un tiempo mas, es que al entrar a la carrera me di cuenta de que no se nada. Necesito informarme más y estudiar mucho más para así poder crear algo fenomenal, no solo pequeñeces sin sentido alguno.

Adiós lector. Que tenga un buen día. Si usted escribe poesía no se sienta ofendido. Critíqueme y hágame entender que estoy equivocado. Me encantaría que lo estuviera. Pero razone, no se deje llevar por las mismas emociones que lo llevaran a la locura.

Mutación Material

La silla se mecía lentamente, peleaba contra el peso impuesto por la enorme masa que la aplastaba sin compasión. Se quejaba en su estridencia, igual a un canto de una gaviota asustada. Seguía meciéndose cada vez más rápida. El sonido de su madera se confundía con metales oxidados que, al sonar cada vez más fuerte, ésta extraña silla (ya no tan silla) frenaba su movimiento.

La gran masa desproporcionada se asustaba y ponía sus oídos alerta, abriendo cada vez más sus ojos de forma sorpresiva como una presa perseguida y alerta. Se percata del movimiento y el sonido y analiza que puede seguir meciéndose con la alegría que tenía desde un principio.



La silla se mece nuevamente. Cada vez llora aun más, tiene más peso. Pero el sufrimiento en su interior no tiene cabida en su función. Nació para ello. Un tronco que sufre con función entretenida, que paradójicamente siniestro suena eso. Se sigue meciendo a pesar de su agonía, sus metales se quieren soltar del anillo que lo cuelga, el azar decidirá o, quizás, la consecuencia del acto mismo. Se mece más rápido aun, tiene más peso, el individuo de masa corpórea enorme despega y vuela saltando sobre la tabla. La tabla mira de reojo por sus orificios producidas por el tiempo, pestañea y cae. El anillo superior explota por todos lados. El individuo vuela por los aires. Su mirada se descontrola. Divisa una mano que lo empuja. Una sonrisa burlesca que se anuncia. Sus manos se pierde tratando de abrazar el aire. Sus ojos al caer miran hojas en pirámides ordenadas de manera casi olímpica. ¡Paf! Las hojas vuelan. Los ojos se cierran y chocan. El individuo abraza el suelo. Los cables del rectángulo se dispersan fingiendo un “no se”. La tabla cae en los granitos. Descansa por fin. Ya no sufre. Ahora sufre el individuo enorme, plasmado en las hojas. Silencio. Ya no hay gemidos ni lloriqueos ni alegrías. El columpio ya no se mece.