Hambriento y sediento
encuentro los placeres de los cuales voy surgiendo
pero no miento en tu cara,
ya que si lo hago el viento ataca mis pensamientos.
Yo no voy con rodeos
pesco mi arma y ataco a mis reos
después de esto
guardo mi arma, corro y ahí es cuando te veo.
Conciencia no tenían estos
ni menos preocupación por el resto
todos han cambiado,
ya no tienen buenos gestos.
Amables habían sido
y cantando creían que habían vencido
no lograron nada, se quedaron en el vacío
agachados, manchados,
con las manos en el olvido.
No dijeron nada
sus mentes se quedaron calladas
pero de sus labios salían
palabras de rabia y algo apenadas.
¡Ese hombre está maldito!
decían algunos a gritos
los condené y maté
por satisfacer a quien amé.
Guardo mi arma
quito las manchas y la sangre que guarda
no siento pena, alegría es lo que llega
a mi mente y a mi alma.
¡Ya lo vez! cumplí tu deseo
pues no era mi anhelo
un demente soy ahora
por tu culpa sentencié mis horas.
Y así seguí mi camino
arrancando de mis enemigos
escuchando voces en mis oídos
gritos, lamentos y sonidos.
He llegado a la cima de los recuerdos
mi mente explota de malos momentos
mis pies se sueltan y caigo lento
me convertí en un demente, lo siento.
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