domingo, 19 de mayo de 2013
Absurda Habitación
Esta habitación se ha impregnado con una energía devastadora, el solo hecho de poner un pie en ella, los recuerdos retornan ligeros a mi cabeza. Los momentos vividos atacan mi piel y las huellas, que aun siguen en ella, me gritan en la cara aferrándome a ésta cada vez más. Me recuesto por un segundo y el tiempo se alarga en diez horas, me absorbe el eterno descanso y observo las tablas acomodadas en el techo infinito que no para de mirarme con su color pálido y sombrío, los muebles discuten tonterías, mientras el reloj con su tic tac funciona como moderador del ambiente, pero también funciona como cazador y que con su tic tac atrapa los cuerpos y convierte ese período de tiempo que creías vano en un momento eterno y devastador, la pintura tosca y aburrida que en su momento expresaba radiante alegría, se torno común y ya no llama la atención como antes, es solo parte de un punto más en el infinito, las ventanas son inservibles, cerradas atrapan el calor sofocante y abiertas congelan el ambiente, el clima es un cínico que ataca el cuerpo dejando un dolor estrepitoso en los dientes y en la cabeza. Dejar el lugar no es una tarea fácil, el tiempo de ocio te abraza con rosas, con espinas en las rosas, pero rosas recién sacadas y sin experiencia alguna. Te podrías zafar del momento y dejar la habitación cerrada con llave, pero es inevitable no volver a lo que eras, los recuerdos los extrañas de cierta manera que cuando vuelves a ellos quieres escapar nuevamente y así en un circulo perfecto hasta dejar vestigios en cada habitación. El desorden y desamparo lo lleva el cuerpo a cada lugar donde va sembrando su vida, llega el límite del desencanto e insistes en volar a otros lugares a sembrar la misma estupidez. Confundido en las metas rotamos de habitación en habitación sin encontrar nuestra propia solución, buscamos tanto el lugar indicado de nuestras vidas que nos olvidamos del exterior y de la suavidad que entrega el viento al chocar con nuestros ojos. Y ahí volvemos a la antigua habitación, recostándonos nuevamente por segundos, alargándolos en horas, sintiendo el peso infinito del agobiado bloque de locuras. Espero no volver a esta habitación, ni a ninguna otra que me atrape la inercia del cuerpo al mudarse por plazas sin destino.
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