Sentado en un rincón de un bar, fumando un simple cigarrillo y bebiendo un trago olvidado, primero débil, luego idiotizado, sonando guitarras desmedidas, voces femeninas clamando placer, silencios mutuos entre corazones quemados, Charly agradecido corriendo en círculos. Debo agradecer a aquel hombre, en este momento empieza un infinito laberinto, el verdadero, el golpeado, el quizás premio literario. El cigarro se quema solo, las letras se escriben solas, estrujando las ideas del cerebro, debería olvidarme de lo que quiero ser, olvidarme de mi meta, concluirla en el rincón de un bar, mas adelante y mas predecible aun. El whisky apretado en mi garganta me ofrece silencio, la voz fuerte de Charly, apaga el volumen de mis pensamientos, trayendo nuevos pensamientos. Ya lo olvidé, mientras mas turbe la idea de un mundo utópico sin plegarias, sin dogmas flagelantes y sin caos, mas le otorgo la palabra y se cumple ese ridículo caos inminente. ¿Y quien dice que ese caos es malo?
Un hombre borracho llegaba al bar. Gracioso y sin sentido de la motricidad. Se sienta cerca de mi. Pide un trago. El barman* no lo entiende. Vuelve a repetir su trago. Nadie lo entiende. Me mira vacilante. Me apunta con el dedo. Lo miro de reojo y ahí me doy cuenta que no es a mi a quien indica si no que a mi whisky con dos hielos en mi mesa. El barman le sirve el trago y se aleja con mirada despectiva y el hombre se sienta. Toma un sorbo gigante y golpea la mesa levantándose de su silla botándola lejos y causando el caos que pensaba y no quería llamar. De un momento a otro gritaba tonterías políticas sin fundamento alguno. Hablaba de arte como si fuera un experto. Criticaba a Charly por su mala voz, en fin, hablaba tonterías solo para producir el caos y esto daba mas interés al aburrido bar, en donde solo sonaban voces absurdas y conversaciones aburridas cotidianas del quehacer colectivo. El caos se transformaba en algo interesante, algo para nada rutinario, algo llamativo para mi persona. Un poco de caos no era malo. Era fantástico, era soñado. Le daba el tinte que esperaba de una noche plana y sin luces. Donde un simple hombre sin sus sentidos al cien por ciento, hacia el ridículo frente a tanta gente que lo miraba con una abismal seriedad que hasta a mi me parecía incomodo. Mientras este hombre cada vez mas vacilante y a ratos acercándose a mesas de parejas enamoradas, proyectándose a un mundo maravilloso, las maldecía y les hablaba de lo asqueroso que es el matrimonio, contándole anécdotas vividas en carne propia como para arruinarle esa noche tan perfecta y tan iluminada por la luna tan romántica e inmensa que estaba aquella noche. De pronto un hombre de unos dos metros, fornido, lo saca a patadas del bar, gritándole que no destruya el agradable ambiente que ocurría en ese momento. Charly seguía sonando con melodías estrepitosas, apoyando el hecho, pero desde otra perspectiva, de las perspectiva mas violenta. Desde mi perspectiva, la que en este momento se adueñaba de mi cuerpo, aun así no hice nada, ¿Qué iba a hacer? si defendía a ese hombre borracho que destruía el ambiente "tan" agradable, como mencionaba ese inmenso tipo, me echaría a patadas por tratar de defender lo indefendible para ellos. Desde ese momento en que el tipo se fue a producir el caos a otro bar probablemente. Salí confundido pensando en el caos y en lo interesante que hace la vida "tan bonita y tan placentera" como lo planteaba aquel tipo fornido, que quizás para él, fue el momento mas interesante en su vida en el bar como "patea borrachos", aburrido en la puerta por no ejercer la meta que le habían indicado, frustrado, quizás, por no cumplir el destino que le habían otorgado o sintiéndose un héroe al cumplir su meta y sentir las miradas de quienes estaban allí. agradeciéndoles por el hecho que había de ocurrir pero sin decírselo. Charly terminó de sonar pasando a otras melodías, ayudando en la huida de tal monstruo caótico. Me fuí a enfrascar a otro bar para ver si es que pensaba en algún caos mas llamativo y así pudiera ocurrir nuevamente, haciendo la rutina mas interesante.
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