lunes, 1 de julio de 2013

Juergas Perdidas.

Estoy sentado en medio de la nada,
en un sillón que no es el mio,
pensando en malas situaciones perdidas,
llegando a conclusiones digeridas
pero luego vomitadas.
Intento tontamente simular
bailando sarcásticamente,
amenazando a Dios con una pistola
para que me quite la cordura
y así un golpe eléctrico ataque mi cerebro.
Trato de encajar en un juego de ajedrez
con piezas del mismo color
y no entiendo como antes
discutía con pensamientos agradables
que ya no quiero escuchar.
Abrazado a mi bufanda,
escucho voces de ridículo placer
de las que Venus se burlaría a carcajadas
y mientras estos gritos cesan de locura,
la madera suena en los meses pares
y los violines encajan desafinados
en un ambiente sediento de miel.
El silencio tranquilo en las orejas
me susurra y me produce escalofríos,
siento el frío caer sin una manta en mis pies
mientras los demás, ebrios y alocados,
descansan tranquilos e inconscientes,
en una noche fria y sin movimiento.

No suelo morir al último pero esta vez
me ganó la desenfrenada edad perdida.

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